🔵 VIA CRUCIS DE LA MISERICORDIA 🔵
VI Estación. La Verónica enjuga el rostro de Jesús
Jesús se detiene un instante para recobrar el aliento, mientras los soldados se preocupan de ordenar a la muchedumbre que está fuera de sí. El odio se respira en el ambiente. Pero no todo en la pasión son sombras. Sólo Dios puede hacer que salga el bien del mal. En medio de la sombra del drama de la pasión surge una luz. Es la ternura de una mujer compasiva y valiente. A ella no le importaron las burlas, no le importó que la llamaran loca, las patadas… porque ella estaba dispuesta a pagar el precio por ofrecer un poco de ternura a Jesús. Es Verónica. Valiente, como tantas mujeres valientes, rompe filas en dirección a la cruz.
Jesús tiene la cara llena de arena mezclada con sangre y sudor. Casi no puede ver. Intenta abrir los ojos para continuar su camino hacia el Calvario. Quiere limpiarse la cara, pero no puede. Un brazo está destrozado por la tortura de la flagelación, y el otro está siendo agarrado por Simon de Cirene.
El hombre más hermoso, el caballero más bello que jamás ha pisado la tierra, tiene el rostro desfigurado por los golpes del prendimiento y los latigazos de la flagelación. «Tan desfigurado estaba, que no tenía aspecto de hombre ni apariencia de ser humano» (Is 52, 14). Es el rostro que había sonreído a su madre, que se había reído con los niños y cuya mirada traspasaba los corazones de los más pecadores. Ahora está oculto por el dolor. «No hay en él parecer, no hay hermosura que atraiga nuestra mirada, ni belleza que nos agrade en él. Despreciado y rechazado de los hombres, varón de dolores y experimentado en el sufrimiento; como de quien se oculta el rostro, despreciado, ni le tuvimos en cuenta» (Is 53, 2-3).
Tuvo que aparecer una piadosa mujer llena de compasión para enjugar el rostro de Jesús. Sin miedo a lo que pensara la muchedumbre que gritaba y escupía a Jesús, ella encontró la manera de llegar a él y ofrecerle un gesto de cariño. Se acercó con reverencia a Jesús que recibió una mirada de ternura. Verónica fue capaz de descubrir en ese hombre destrozado el rostro de Dios. Ella le enjugó las lágrimas con un lienzo blanco en el que se quedó impreso su rostro, pero en realidad, ya nunca pudo olvidar la Santa Faz, el rostro de Jesús, que se quedó grabado en su corazón.
➖ CÓDIGO DE TIEMPO ➖
0:00 VI. La Verónica enjuga el rostro de Jesús
0:14 Contemplación
2:40 Dolor de amor
3:30 Propósitos, afectos e inspiraciones
5:34 Un vaso nuevo (Hermanos Galindo)