28 de marzo de 2021

Estación VIII

🔵 VIA CRUCIS DE LA MISERICORDIA 🔵

VIII Estación. Jesús consuela a las hijas de Jerusalén

Jesús continúa su camino hacia el Calvario. Al acercarse a una puerta, casi a la salida de la ciudad, los soldados, impacientes, comienzan a dar latigazos a Jesús, y le empujan dándole patadas. Jesús desfallece, pero Simón de Cirene le sostiene para no caer.

Siguen a Jesús una multitud de curiosos y de bandidos comprados por los dirigentes, que le insultan y escupen; pero también le siguen «un grupo de mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él» (Lc 23, 27). Son mujeres pobres de los pueblos de la zona, mujeres abandonadas, oprimidas, que soñaban con que Jesús les iba a salvar y a mejorar su miserable vida. Ellas se lamentan y lloran por lo que está ocurriendo. Jesús era su última esperanza y lo estaban matando. Durante la pasión, las mujeres tuvieron más valor que los apóstoles y demás discípulos.
En ellas, Jesús ve los sufrimientos y las lágrimas de toda la humanidad. En un momento ve el sufrimiento de toda la historia: enfermedades, pobreza, soledad, tristeza, familias rotas, injusticias, odio, guerras… ¡Cuánto mal! ¡Cuánto dolor! Jesús llora con ellas, llora el sufrimiento del mundo. Llora de dolor porque Jesús tiene corazón.

En medio de sus lamentos, Jesús ladea la cabeza y las mira con compasión. «Te compadeces de todos porque todo lo puedes» (Sab 11, 23). Estas piadosas mujeres sólo vieron sufrir a Jesús a quien amaban, pero no reconocieron a Jesús que las amaba y sufría por ellas. Se compadecían de Jesús, vieron el pecado de los que le golpeaban, pero no vieron su propio pecado como la causa de ese dolor.

Olvidándose de su extremo dolor, Jesús saca fuerzas de lo más profundo de su ser para hablarle a estas pobres mujeres y consolarlas: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos» (Lc 23, 28), y las invita a llorar más bien por ellas mismas, por los pecados que son la causa de tanto mal en el mundo y que atraerá la justicia divina. «Jesús sabía lo que había en el corazón del hombre» (Jn 2, 25), y les dice que se conviertan, que todavía están a tiempo: «Pues si así se trata al leño verde, ¿qué se hará con el seco? (Lc 23, 31)».

Arrastran a Jesús fuera de la ciudad porque no es digno de morir en lugar santo. Ya solo queda una última subida, y en medio de tanta angustia y sufrimiento, descubrimos a Jesús que camina como soldado de amor cargando con la cruz, como héroe victorioso que desea dar la vida por su gente.

➖ CÓDIGO DE TIEMPO ➖

0:00 VIII. Jesús consuela a las hijas de Jerusalén
0:14 Contemplación
2:42 Dolor de amor
4:36 Propósitos, afectos e inspiraciones
6:23 Pueblo mío, ¿Qué te he hecho? (Hermanos Galindo)

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