28 de marzo de 2021

Estación XI

🔵 VIA CRUCIS DE LA MISERICORDIA 🔵

XI Estación. Jesús es clavado en la cruz

Ante el desprecio de los presentes, Jesús se arrastra, como soldado herido, hasta la cruz. La abraza. La besa. La gente se escandaliza. Los soldados se ríen de él, y los dirigentes se burlan. El Hijo del hombre estaba temblando, cubierto de llagas y con los hombros despedazados hasta los huesos.

Un alguacil agarra a Jesús por el brazo malherido y le extiende sobre la cruz. Jesús siente la dureza del madero. ¡Qué espectáculo para María el ver este lugar del suplicio, los clavos, los martillos, las cuerdas, la terrible cruz, los verdugos, empeñados en hacer los preparativos para la crucifixión! La Virgen siente todos los dolores de su Hijo. Está cubierta de una palidez mortal y suspira de dolor.
Los soldados agarran tres grandes clavos y un martillo. «Era la hora tercia [las 9 de la mañana]cuando lo crucificaron» (Mc 15, 25). Le sostienen las manos y los pies con cuerdas, pero como sus manos no llegan a los huecos preparados, le estiran el brazo con la cuerda y le dislocan el hombro violentamente. Jesús no tiene fuerzas para gritar de dolor y gime de un modo que se nos parte el corazón. Los clavos atraviesan las manos y los pies de Jesús, y el sonido de los martillazos se clava en nuestro corazón. Las manos y los piés de Jesús son perforados: «Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos» (Sal 22, 17-18).

Un gemido dulce y claro sale del pecho de Jesús y su sangre salta sobre los brazos de sus verdugos. Jesús susurra ciertos pasajes de los salmos, sin dejar de rezar. Jesús es cosido a un madero con los brazos abiertos queriendo abrazar el mundo con su misericordia. Al igual que el palo vertical supera toda la distancia entre los hombres y Dios, así también el palo horizontal llega a todos los rincones del mundo.

«También crucificaron con él a dos ladrones: uno a su derecha y otro a su izquierda» (Mc 15, 27), para que quedara claro que era un bandido que moría entre malhechores.
Y para burlarse de él, «sobre su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: “Éste es Jesús, el Rey de los Judíos”» (Mt 27, 37).

Ante tanta maldad, Jesús sólo piensa en su misión de salvar a los hombres y se entrega a la muerte perdonando a aquellos que le están crucificando: «Padre perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34). La cruz es el trono de Jesucristo porque él es un Rey de Misericordia, él es el Salvador.

➖ CÓDIGO DE TIEMPO ➖

0:00 XI. Jesús es clavado en la cruz
0:14 Contemplación
2:37 Dolor de amor
3:49 Propósitos, afectos e inspiraciones
6:05 Dios es fiel (Hermanos Galindo)

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