28 de marzo de 2021

Estación IV

🔵 VIA CRUCIS DE LA MISERICORDIA 🔵

IV Estación. Jesús se encuentra a María

Jesús se detiene un segundo y busca una mirada amiga, pero no encuentra consuelo y sigue adelante. Apenas se ha levantado de su primera caída, y de repente, ve a su Madre que se acerca rápidamente por un hueco entre la gente y los soldados. María, su madre, que siempre le había cuidado cuando era niño y que había estado con él en los momentos más importantes. Tantos recuerdos: Belén, Egipto, Nazaret, el taller… Ahora María vuelve para estar a su lado en este momento tan doloroso. Parece que el mundo se ha parado un segundo para contemplar este encuentro entre madre e hijo. Los discípulos han huido. Ella no. Está allí, con el valor y la fidelidad de una madre. María, rodea a su Hijo con los brazos y le dice: «Hijo mío, yo estoy contigo. Siempre estaré contigo».

María mira a su hijo y se le rompe el alma. Jesús la mira con compasión viendo cómo se cumple la profecía de Simeón: «y a tu misma alma la traspasará una espada» (Lc 2, 35). Jesús, mira a su Madre, y con lágrimas en los ojos le susurra al oído: Madre, mira, «yo hago nuevas todas las cosas» (Ap 21, 5). Un escalofrío recorre el cuerpo de María.

María sabe que su hijo es el Salvador, pero nunca imaginó que iba a costarle tanto la salvación de los hombres. No pensaba que su pasión iba a ser tan humillante y dolorosa.

El instinto de la Madre es correr hacia el Hijo, abrazarlo, gritar su inocencia. Pero sabe que es inútil. Se miran en silencio mientras lloran. Un encuentro de corazones, un encuentro de ojos llenos de lágrimas. «¿A quién te compararé? ¿A quién te asemejaré, hija de Jerusalén? ¿Quién te podrá salvar y consolar, virgen, hija de Sión? Grande como el mar es tu quebranto: ¿quién te podrá curar?» (Lam 2, 13).

Ella que podía rezar y pedirle al Padre un ejército de ángeles que bajara en ese mismo instante del cielo, comprende que este es el camino del amor: dar la vida y entregar lo más valioso, a su mismo hijo, por nuestra salvación. La Virgen recuerda esas palabras del ángel: «No temas, María» (Lc 1, 30). Y, por dentro, repite aquello que le dijo al ángel Gabriel: «Fiat», «Hágase» (Lc 1, 38).

Qué valentía la de María. Y qué dolor ver a una mujer tan hermosa y buena sufrir tanto. «¡Oh vosotros cuantos pasáis por el camino: mirad y ved si hay dolor comparable a mi dolor!» (Lam 1, 12). ¿Quién no llora al ver a la Virgen María sufrir con Jesús?

➖ CÓDIGO DE TIEMPO ➖

0:00 IV. Jesús se encuentra a María
0:14 Contemplación
2:48 Dolor de amor
3:42 Propósitos, afectos e inspiraciones
5:22 María, Madre del consuelo (Hermanos Galindo)

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